MEXICALI, 20 julio de 2020 (Especial/únicoBC).- Definido como una cantidad de información excesiva sobre un asunto, mucha de ella correcta, mucha de ella no, que obstaculiza a las personas en su búsqueda de información relevante, oportuna y confiable, el término infodemia empezó a utilizarse y a popularizarse a partir de febrero del 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud comenzó a emplearlo. 

La rápida expansión de la pandemia de COVID-19 ha permitido comprobar la naturaleza, acción y efectos de la infodemia sobre las personas, que se caracteriza por generar estrés informativo que puede desinformar e intoxicar al consumidor de información con datos y conocimientos inciertos o difíciles de discernir en cuanto a su grado de validez, fiabilidad e importancia, explicó el Dr. Daniel Sanabria, Director Estatal de Bibliotecas del Sistema CETYS. 

“Es importante adoptar algunas prevenciones para evitar caer en una especie de depresión, decepción, desorientación, frustración, entre otros estados de ánimo negativos derivados de la exposición a esta sobre información”, estimó.

 

Una de ellas, dijo, es considerar la provisionalidad propia de los fenómenos y hechos en desarrollo, para los cuales existen solamente estudios e investigaciones incipientes. 

“De este modo, cuando un estudio desmienta a otro, o cuando las posiciones o lineamientos de los organismos oficiales cambien, entenderemos que esto no significa que se mienta, sino que un estudio en desarrollo es parcial, y que las decisiones que se toman en un momento a veces dan paso a otras diferentes, basadas en evidencias surgida de manera posterior”.

Otra medida preventiva es poner en tela de juicio los rumores acompañados por frases como “se dice’, “parece ser”, y no asumirlos como ciertos.

“Revisar fuentes es importante pero no definitivo, pues incluso medios masivos y profesionales han caído en la replicación de información dudosa o incorrecta. A lo sumo, hay que poner en primer lugar las referidas al área de competencia o temática que se está tratando, como las Secretarías o Ministerios de Salud y Sanidad, y la propia OMS”, recomendó el Director.

Las redes sociales tienen un delicado papel en el desarrollo de la infodemia, ya que ésta se retroalimenta y crece como una bola de nieve con la transmisión masiva de información a través de dichas redes, cuya naturaleza es la de presionar a todos los actores posibles para generar datos, información y contenidos para presentarle a las audiencias. 

“Las redes presionan incluso al mundo científico para que acelere sus procesos; nada más nocivo que esto”, aseveró el experto.

Como usuarios de las redes sociales de internet, y como consumidores de información, las personas deben controlar su ansiedad por acceder a información precisa, clara, definitiva, con la finalidad de no trasladarla a los creadores de contenido de internet y con ello evitar que eso de pie a prácticas inaceptables.

“Aunque esto se ha recomendado en repetidas ocasiones, lo mejor sigue siendo apostar por el autocontrol, relajarse, dejar de ver menos medios y buscar más información fiable, así como equilibrar la conversación con otros temas y asuntos de importancia igual o superior a la pandemia, para ver un poco más allá del frenesí insostenible y nocivo que es la infodemia, que perjudica la salud mental y física de las personas, y por supuesto, para evitar que este fenómeno se replique en el futuro”, concluyó el Dr. Sanabria.