MEXICALI.- El uso constante de las redes sociales entre adolescentes, niñas y niños, ha sido un tema de debate que ha vuelto a tomar relevancia en los últimos días. Además de ser usadas para entretenimiento y comunidad, estas plataformas pueden ser una ventana para la normalización de los discursos de odio, violencia y comunidades extremistas que logran influir en la manera en que los jóvenes piensan, se relacionan y perciben a los demás.
La Dra. Daniela Díaz Flores, Coordinadora de la Licenciatura en Psicología Infantil en Cetys, menciona que el consumo de contenido violento y de discursos de odio “Afecta tanto su comportamiento como su desarrollo psicológico, emocional e intelectual. La exposición a la violencia mediática es un factor de riesgo que puede fomentar la agresión interpersonal en menores de edad, así como la falta de sensibilidad ante dichos sucesos”.
¿Por qué atraen estos contenidos?
Este tipo de discursos y contenidos violentos resultan llamativos para los jóvenes debido a una combinación de factores psicológicos, la búsqueda de identidad social y las propias estructuras que presentan las diferentes redes sociales, como los algoritmos.
Por otra parte, las plataformas operan bajo una economía de la atención diseñada para capturar al usuario el mayor tiempo posible. Para maximizar esta captura, los algoritmos favorecen la visibilidad de contenido polémico, cuanto más extremo es un contenido, más atención genera y, por tanto, obtiene mayor visibilidad y viralización en la red. Así mismo, muchos jóvenes se ven atraídos por estos discursos porque les permiten generar grupo y un sentimiento de pertenencia a una comunidad que comparte y defiende sus mismas ideas o el uso de su mismo léxico que es propio de la ideología.
La experta mencionó que en la adolescencia existe una tendencia natural a desarrollar conductas de riesgo vinculadas con la exploración de las emociones y del entorno, especialmente cuando se está en presencia de pares o amigos. La necesidad de afecto, atención o amistad hace que los menores de edad sean más susceptibles de ser atraídos por discursos que les ofrecen una validación aparente.
Cuando la violencia deja de sorprender
Estos contenidos violentos o que promueven algún discurso de odio, afectan tanto su comportamiento y su desarrollo psicológico, emocional e intelectual. “La exposición a la violencia mediática es un factor de riesgo que puede fomentar la agresión interpersonal en menores de edad, así como la falta de sensibilidad ante dichos sucesos”, indicó la Dra. Díaz Flores.
Además, explica que este grupo puede reaccionar a ciertos estímulos sintiéndose más alterados físicamente, pensando con mayor facilidad en ideas agresivas o imitando de inmediato algunos comportamientos que acaban de observar. También puede afectar en el aprendizaje de cómo resolver conflictos, optando por una forma agresiva o violenta. Desensibilización hacia el dolor ajeno, la exposición repetida causa una habituación que reduce la respuesta emocional negativa ante el dolor ajeno.
Las redes sociales pueden llegar a ser un espacio hostil, ya que los menores de edad pueden escribir sin necesidad de ser verificado (perfil real), así mismo, para muchos es más sencillo insultar a través de redes sociales en comparación a tenerlos de frente, muchas personas no se atreverían a decírselo de frente, pero sí por escrito. Esto, señala la Experta, tiene un impacto en su desarrollo cognitivo, académico y su salud mental, puesto que estar inmersos en ambientes virtuales violentos, puede repercutir en su nivel de concentración y asimilación de contenidos.
Las señales que no deben ignorarse
Entre las principales señales se encuentran cambios en el lenguaje, comentarios despectivos hacia otras personas o movimientos sociales, la normalización de la violencia bajo frases como «solo es una broma», la pérdida de empatía frente al dolor ajeno y el aislamiento para interactuar únicamente con comunidades digitales que refuerzan esas ideas. El uso de redes sociales para iniciar discusiones y así obtener atención. El aumento de la agresividad verbal y física, respondiendo de forma más agresiva ante cualquier provocación en la vida real y vulnerabilidad. Los menores de edad y los jóvenes suelen mostrar rasgos de inferioridad, desconfianza y pesimismo frente a la convivencia social de forma presencial.
Cómo ser más consciente del contenido que se consume
La educación, la comunicación y el uso responsable de las herramientas digitales son claves para que en la dinámica familiar se pueda prevenir dichas situaciones, comentó. El papel de la familia es crucial para mediar el consumo de redes sociales e internet de los menores de edad, así como también explicarles sobre las reglas de uso.
“Definitivamente, los padres de familia y tutores deben involucrarse en ello, establecer límites y dar seguimiento a los límites, es decir, ser constantes sobre todo en este tiempo de vacaciones”.
Esto no solamente es responsabilidad de la familia, sino de igual manera de la sociedad. Actualmente, en México se han propuesto foros regionales para construir consensos sobre la regulación de plataformas y el uso de inteligencia artificial, involucrando a la sociedad civil y a expertos en el área.
La regularización efectiva no depende de una única medida, sino de un enfoque multisectorial con acciones claras y con el seguimiento adecuado para acompañar a los menores de edad y jóvenes en este proceso del uso de las redes sociales, finalizó la Dra. Daniela Díaz Flores.