Por Fernando García Rivas

El octavo largometraje de Alejandro González Iñárritu (De “Amores perros” 2000, hasta “Bardo, falsa crónica de unas cuantas verdades” del 2022) y séptimo dentro de la Industria Hollywoodense “Independiente”, aunque sea producido por la Warner Brothers con un costoso presupuesto de 160 millones de dólares (40 menos que “Titanic”), “Digger”, protagonizada por Tom Cruise -ahora Tomás Cruz ex de Penélope Cruz- y la garantía de su estrella taquillera que se ha salido de su zona de confort post “Misión imposible” para dejar ver sus 63 años maquillado como un viejo gringo tejano de 70 y pico que duerme en su cama ricachona rodeado de pieles de oso polar sacrificado, espejos ovalados rodeados de extrañas espinas enredaderas, coleccionista de arte tétrico de un lobo matando a su venado presa sangrante y la pala excavadora de su abuelo pionero escarbaba pozos de petróleo.

“Digger” quiere sobre todas las cosas a su mascota felina que le hace compañía una gata blanca moribunda y miona que tiene doctor veterinario despedible, deja que abran las cortinas corredizas para contemplar el paisaje neblinoso que parece un ciclorama teatral y, de hecho, sea una escenografía de utilería donde los técnicos salen para enderezar el árbol caído en esta película “meta teatral” realizada por el alumno ínclito del director escénico Ludwig Margulles, según el conversatorio con la crítica de cine de rostro angelical; Fernanda Solórzano de “Letras Libres”.

Publicista, Dj. Exitoso Locutor Radiofónico de WFM y realizador empírico de la serie de intros para canal 5 como un carro cayendo sobre otro vehículo aplastado para yonque, González Iñárritu incursiona en una crítica mordaz “metafórica” a la plutocracia que gobierna actualmente al país de “In God we Trust” con predicador reverendo Moore (Stephen Wright) que hace rezar evangelizadoramente al gabinetazo del presidente odia chinos y rusos, el presidente Compsom (John Goodman en su racha de cinta Oscarizables a lo “Barton Fink”, “The artist” y “Argo”), auxiliado por su asesor ambientalista y ecológico hindú, Ganesh (Riz Ahmed), quien da la cara ante ese parlamento opositor iracundo por el necesario afán de seguir perforando esos pozos petroleros cuando en cambio climático, los Tsunami que arrasan con autos y gente de paso inundan ciudades enteras ante la amenaza de un Iceberg del tamaño de Washington que va director a estrellarse contra Suecia y Dinamarca juntas.

Escrita conjuntamente por el director de “El Renacido”, Alexander Dineralis, Nicolás Giacobone y la dramaturga ganadora del Premio Nacional de Teatro del INBA con la obra “Bill” en 1980 y co- directora de “Entre Pancho Villa y una mujer desnuda”, Sabina Berman, quien me dedicó su libro en la Feria del Libro de la UABC en 2025, “Digger”es la clase de película intelectual, reflexiva, ontológica, intertextual, verborréica y tira rollo a más no poder sobre la clase dominante y su afán de controlar a su población manipulada por su clase política ultraconservadora que viaja en jet privado para contar la historia de su tío atunero, aunque todo sea un cuento chino porque el atún de todas formas sabe muy bueno.     

En la visión del magnate “self made man” tiene varias interpretaciones en el cine clásico norteamericano, desde “El Ciudadano Kane” de Orson Welles, el millonario aséptico y que gustaba de producir cine, Howard Hughes de “El aviador” de Martin Scorsese con Leonardo Di Caprio o el extractor petrolero obsesivo Daniel Plainview (Daniel Day Lewis) de “Petróleo Sangriento” de Paul Thomas Anderson,  todos son antecedentes megalomaniáticos del poder del dinero, aunque ninguno de los biografiados ficticiamente lleguen a la idea de cooptar a sus votantes y seguidores ciegos con 5 mil dólares si votan por él. 

Como sucedía en “Birdman”, otra extrapolación meta cinematográfica y teatral, también de Iñárritu, la puesta en escena oscila entre la realidad de la representación actuada y la realidad de los actores que dan vida a los personajes que se toman un “break” para comunicarse con su esposa en el recuadro del espejo del tocador cuál escena de película de ciencia ficción profética, mientras la cámara magistral de Emmanuel Lubezki, “El Chivo”, ya no requiere indagar en un plano secuencia sin edición de Stephen Mirrione imperceptible a través de los camerinos teatrales, pero si apreciamos la calidad lumínica en sus cuidados encuadres meticulosamente concebidos y cerebralmente diseñados.

En cuanto al plano histriónico de una celebridad gringa, nos encontramos ante un actor en plena madurez, con todo y calva que deja ver un mechón de canas y una barriga flácida que sabe disimular el maquillaje y las prótesis para compenetrarse en un personaje empecinado, como lo comprueba la toma excelente ante ese especie de parlamento o cámara de senadores de “oposición”, donde Digger Rockwell les dice sus verdades a sus contrincantes y se empecina tercamente en seguir explotando su afanoso empeño de perforación en Alaska y Groenlandia sin importarle el trastorno ambiental y ecológico que obligan a los osos polares salir con las patas manchadas de “oro negro”.

Por otro lado, resalta que esta actualización derivativa de “Doctor insólito o cómo dejé de preocuparme y aprendí amar a la bomba” de Stanley Kubrick con su presidente beligerante Compson resucitado de sus mangueras de oxígeno para ver desde su avión de combate y dar órdenes de ataque que el mismo Rockwell le está leyendo en su guion recitado.  

En el plano apologético, “Digger” no es una película fácil y digerible. Si uno no está acostumbrado a los parlamentos profusos y a entender una obra que se mueve entre dos planos narrativos apenas a los 20 minutos de iniciar, nos encontramos ante un filme complicado y de lectura críptica a pesar de que su reparto, si descontamos a Cruise y Goodman o a ese actor espléndido que ha interpretado a Edward G. Robinson en “Trumbo”; Michael Stuhlbarg en el papel del Vicepresidente, la mayoría son perfectos desconocidos, pero eso no le quita que sean actores profesionales.

González Iñárritu crea una sátira ácida, negrísima como su apodo, en torno a un argumento original que se mueve entre el cine dentro del cine –y del teatro- de “La noche americana” (Day for night, 1974) del novaolero François Truffaut, la confusión del equipo de filmación del proyecto fílmico de “El hombre que mató a don Quijote” de Terry Guillian o el frustrado rodaje de una película filmada en inglés por un equipo mexicano, cubano y chicano en “Bienvenido/ Wellcome” de Gabriel Retes. 

La verdad me reí en la función donde había 3 espectadores más de las escenas de la doméstica mexicana, para variar, interpretada por Mercedes Hernández que se encarga de la gata blanca moribunda que el veterinario le inyecta un enema resucitador que la obliga a maullar.

O la secuencia del presidente en el congelador de la cocina conservado entre carnes vacunas abiertas en canal para que el ahora santificado Digger Rockwell/Curtis Markson que se dirige respetuosamente al cocinero mexicano luego de haber provocado un milagro abundante en la cocina hermética.

Por último, está su discurso evidente en contra de esa minoría avara y reaccionaria que tiene ansias de comerse al mundo. Un discurso a contracorriente de la gente que vive feliz en sus casonas con vigilancia de cámaras y cercas electrificadas en su fraccionamiento privado.

Comentarios al correo: fgarciarivas@ yahoo.com

 

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