MEXICALI.- Con el aumento de las temperaturas y la intensa radiación solar en ciertas regiones de México, los paneles solares representan una alternativa cada vez más utilizada para la generación de energía eléctrica. Pero, ¿más calor significa mayor producción de energía? Contrario a lo que podría pensarse, la respuesta es no, indicó el Mtro. Mario A. Ramos Pérez, Coordinador de la Ingeniería en Energías Renovables de Cetys.

“El panel solar funciona con luz, con los fotones que vienen de la luz solar, no con el calor. Tener una buena radiación solar es fundamental para un panel, pero tener radiación térmica, que es lo que obtenemos nosotros aquí, es perjudicial”, expresó el docente.

Asimismo, señaló que las altas temperaturas representan un reto para la capacidad de transformar la luz solar en energía eléctrica. En condiciones ideales, un panel puede alcanzar una eficiencia de entre 20% y 25%. Sin embargo, estas condiciones consideran un ambiente controlado y una temperatura aproximada de 24 grados Celsius, escenario que difícilmente corresponde a las condiciones habituales de ciudades con climas extremos.

“Cuando tú instalas unos paneles fotovoltaicos, incluso en un mes templado como abril, a tus 30 grados ya lo empezó a afectar. Empieza a bajarle la eficiencia”, mencionó.

De acuerdo con el Mtro. Ramos, algunos fabricantes reportan una disminución de entre 0.1 y 0.5 puntos porcentuales de eficiencia por cada grado que aumenta la temperatura por encima de las condiciones de prueba. En Baja California, particularmente en Mexicali, con sus 40 grados a la sombra, las pérdidas de eficiencia pueden llegar a representar entre 5% y 10% de la producción de energía.

El calor también acelera el desgaste

Además de afectar el rendimiento inmediato de los paneles, el experto resaltó que las temperaturas extremas pueden contribuir a una degradación más acelerada de algunos de sus componentes.

“Los componentes del panel pueden llegar a fallar debido a las temperaturas extremas. Pudiéramos decir que si un panel fotovoltaico está diseñado para durar de 15 a 20 años, en un calor extremo puede durar tal vez unos cuatro años menos, dependiendo del mantenimiento. Por ejemplo, si el ambiente se encuentra a 40 grados, la celda interna expuesta al sol puede llegar a los 60 grados, disminuyendo su voltaje nominal y promoviendo deterioro irreversible”, indicó el especialista.

Por ello, el mantenimiento adquiere especial relevancia en regiones como la frontera norte de México. El polvo, la suciedad y otros elementos que se acumulan sobre la superficie pueden reducir la cantidad de luz que llega a las celdas y, con ello, afectar la generación de energía.

Frente a estas condiciones, el Mtro. Ramos recalcó algunas estrategias de instalación y selección tecnológica que pueden ayudar a compensar los efectos del calor:

  • Garantizar una adecuada ventilación debajo de los paneles. Instalar los módulos en espacios donde pueda circular libremente el aire permite favorecer su enfriamiento natural y evitar un calentamiento excesivo.

  • Seleccionar adecuadamente los paneles. Considerar equipos con mayor eficiencia y tecnologías que incorporen disipadores de calor.

  • Implementar sistemas de enfriamiento activo. Equipos con fluidos para extraer el calor de la parte posterior del panel. Aunque esta alternativa puede contribuir a mantener una mayor eficiencia, también implica una inversión adicional.

El docente explicó que existen soluciones capaces de aprovechar tanto la generación fotovoltaica como el calor captado por los paneles, utilizándolo, por ejemplo, para calentar agua y convertir esta condición en un recurso aprovechable. Por ello, recomendó buscar empresas que ofrezcan soluciones integrales, considerando las necesidades del usuario y las condiciones del lugar.

“El verdadero potencial de esta tecnología dependerá no solo de la cantidad de sol disponible, sino de qué tan adecuadamente se diseñe, instale y mantenga el sistema para enfrentar las condiciones extremas de la región”, concluyó el especialista.

 

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