MEXICALI, 20 mayo de 2020 (Especial/únicoBC).- La necesidad de trabajar desde casa como medida preventiva ante la emergencia sanitaria por el COVID-19, está representando un mayor desgaste profesional y exceso de estrés para la mayoría de las personas, que aunado con la incertidumbre y confusión propios del confinamiento repentino, puede ocasionar daños importantes en la salud física y mental de quienes lo padecen. 

De manera súbita, la migración al home office nos obligó a adaptar la sala, la recámara, el patio y otros espacios del hogar como áreas de trabajo, que además, compartimos con nuestra pareja, hijos y en ocasiones con otros miembros de la familia que estudian y/o trabajan de manera virtual, haciendo que de entrada, trabajar desde casa parezca una labor titánica. 

En la práctica, esta adaptación forzosa genera otro importante reto: gestionar adecuadamente los horarios. Ante la facilidad para permanecer conectados la mayor parte del día, y la imposibilidad de salir y justificar la ausencia, las jornadas de trabajo están volviéndose “interminables”, provocando que los trabajadores se sientan saturados y experimenten síntomas de agotamiento y malestar general.

 “Estamos trabajando más, pero sin el feedback que implica dar y recibir una sonrisa, un buenos días en el pasillo. Nuestra salud está en riesgo si descuidamos nuestros hábitos y otros ámbitos que están fuera de lo laboral. Si la salud no es óptima aparecen el cansancio, estrés, colitis, gastritis, y todo eso es agotador”, consideró la Psicóloga Fabiola Lozada, Docente de la Escuela de Psicología de CETYS Universidad Campus Mexicali.

Recordó que, de acuerdo con hallazgos científicos de Rodolfo Nava Hernández, Académico de la Facultad de Medicina de la UNAM, si una persona labora 11 horas al día, es dos veces más propensa a padecer depresión, y si lo hace durante 55 a la semana, su riesgo de sufrir un infarto es 33 por ciento mayor. 

El exceso de horas laborales genera deterioros psicológicos y sociales, además de los orgánicos. Sin embargo, uno de los aspectos más inquietantes es el estrés, ya que éste aumenta los niveles de cortisol, una hormona cuyo exceso debilita el sistema inmunológico, causa irritabilidad, cansancio, dolores de cabeza, gula o falta de apetito, y alteraciones en el ciclo del sueño. 

“La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha reconocido oficialmente a todo este desgaste como el Síndrome de Burnout, y lo ha clasificado como una enfermedad, que como vemos, puede presentarse tanto en la modalidad de trabajo presencial como en el home office”. 

¿Qué podemos hacer?

El momento que vivimos nos obliga a adaptarnos, a ser flexibles, a organizarnos y a evidenciar que la pandemia del COVID-19 es mucho más que una crisis, una oportunidad para mostrar nuestra inteligencia, empatía y buen uso de los avances científicos de los que disponemos, afirmó la profesora Lozada. 

“En este momento, nuestro cuerpo nos va a agradecer que le demos una alimentación saludable, actividad física, así como tiempos de descanso y momentos de juego y charla con los familiares, tanto presenciales como de manera virtual. Usemos la tecnología a nuestro favor y mantengámonos comunicados con nuestros seres queridos”.

Para ayudar a que los buenos hábitos tengan mejor y mayor impacto positivo en nuestra salud, además de llevar una buena organización y apegarse a los horarios de trabajo establecidos, es importante evitar la sobreexposición a las noticias, elegir fuentes confiables de información, y buscar ayuda profesional en caso de requerir asesoría para balancear nuestras actividades, o para mejorar la salud propia y de quienes nos rodean. 

“Si nos cuidamos seremos ejemplo de salud y bienestar, que tanto se requieren en estos momentos, y podemos inspirar y acompañar a otros a mantenerse saludables, equilibrados, y alcanzar la mejor versión de sí mismos”, concluyó la docente.