MEXICALI.- A pesar de los avances en materia de prevención, el bullying continúa siendo una problemática vigente en México. De acuerdo con estudios recientes de la OCDE, el país se mantiene entre los primeros lugares a nivel mundial en casos de acoso escolar, una situación que, en 2026, sigue generando preocupación por sus efectos en la niñez y adolescencia.

La Dra. Daniela Díaz Flores, coordinadora de la Licenciatura en Psicología Infantil en Cetys, explicó que el bullying no solo afecta a la víctima, sino también al agresor y a quienes observan y no intervienen. “Todos se vuelven parte del problema cuando no se actúa”, señaló.

Uno de los factores clave, mencionó la docente, es la falta de supervisión y acompañamiento por parte de adultos, tanto en el entorno familiar como escolar. Señaló que conductas normalizadas como la carrilla o bromas pesadas pueden escalar a formas de violencia que afectan la dignidad y bienestar de los menores de edad, esto sumado al impacto del entorno digital, donde el acoso se extiende a redes sociales, dando lugar al llamado ciberbullying, que puede mantenerse de forma constante y sin límites de tiempo.

Entre las principales señales de alerta, la Dra. Díaz destacó cambios en el comportamiento, como aislamiento, pérdida de interés en actividades, alteraciones en el sueño o la alimentación, bajo rendimiento escolar y manifestaciones de ansiedad o tristeza. En casos más graves, pueden presentarse autolesiones o afectaciones físicas derivadas del estrés constante.

Asimismo, añadió que el bullying impacta directamente en la autoestima, la salud mental y el desarrollo emocional, donde niñas, niños y adolescentes pueden experimentar ansiedad, depresión, dificultad para establecer relaciones sociales y una sensación constante de alerta, lo que limita su desarrollo integral.

Ante este panorama, la especialista subrayó la importancia de la intervención temprana. Escuchar sin juzgar, acompañar y canalizar apoyo profesional son acciones fundamentales para atender estos casos. Asimismo, destacó que la atención debe ser integral, involucrando tanto a la víctima como al agresor y al entorno que los rodea.

Desde la prevención, es clave fortalecer habilidades socioemocionales como la empatía, la comunicación asertiva, la tolerancia y el establecimiento de límites. “Aunque no exista un caso en específico, es fundamental trabajar en la prevención y en la salud mental. Esto implica enseñar a manejar emociones, fomentar el respeto y la tolerancia. Se trata de dar a niñas, niños y adolescentes herramientas para reconocer situaciones de riesgo, poner límites y acudir con un adulto”, expresó la experta .

Finalmente, enfatizó que garantizar el bienestar emocional de la niñez es una responsabilidad compartida entre familia, escuela y sociedad. “Más allá de lo académico o material, es fundamental cuidar su salud mental, porque de ello depende su desarrollo presente y futuro”, concluyó.

 

Compartir: