MEXICALI.- El miércoles 23 de septiembre tuvo lugar en el Auditorio Jesús Rodríguez Montes de Cetys Universidad la exposición colectiva de arte, pintura, gráfica y neográfica, escultura, en la exhibición puntual “Pasado y presente: Cooperativa José García Arroyo”, cerámica y algo que el propio Pablo Castañeda define como “ready made” Duchampiano y donde el curador invitado es Luis G. Hernández depura un montaje expuesto en un Auditorio JMR, foro en el que se estaba desarrollando una conferencia a puertas abiertas porque seguían llegando más invitados se apuntaban antes de entrar.

Antes de eso, pregunto a un maestro amable quien me conduce con bastante deferencia directo al auditorio para encontrarme otra exposición individual del maestro Carlos Coronado Ortega en mediano y gran formato, incluyendo un estandarte que le seleccionó la temperamental Marta Palau para su Bienal de “Banners” en el Cecut Tijuanense, pendones de 5 metros por 1. 90 cms, que simula un gran delantal con colores terrosos y textincos, después de subir los escalones que me dice un alumno, parecen de una pirámide azteca.

Llegando al auditorio JMR lo primero que veo es un paisaje de una laguna rural pintado por el maestro de pintura de la Casa de la Cultura de Mexicali: Ramón Carrillo Romero, un dibujante arquitectónico filigrano que fue alumno de José Luis Castillo, un maestro que alguna vez me enseño un cuadro “Célula por Che” que no le habían seleccionado en la Bienal de 1983, y quien aparte se quedaba con los dibujos de mi entonces amada imposible Gisela García Tavizón en 1984.

El cuadro “Laguna Campestre” está hecho,  a primera vista, aunque en la ficha técnica no diga si es óleo o acrílico, como un placentero y minucioso retablo natural en donde el agua, los árboles y el cielo en el que cada detalle, desde las raíces que le otorgan movimiento, el calmado corriente de la laguna cafesosa, las aves descansando en rigurosa perspectiva sobre el agua, el motociclista pasando raudo quién sabe si para entregar algún pedido y los árboles verdes que se pierden a la distancia, nos habla de la maestría que ha alcanzado desde hace tiempo el alumno más avanzado de José García Arroyo y Carlos Coronado, “El chale”.

En una esquina del Auditorio JMR, Rubén García Benavides, el paisajista más renovador del Noroeste mexicano de acuerdo con la crítica de arte de la revista Proceso: Raquel Tibol, en “Por la falda azul de “El Centinela”, un óleo sobre tela que me dice el propio Benavides que ya no pinta al óleo sino con acrílicos, sin la precisión de Carrillo pero sí con la pincelada “fauvista” o impresionista de los grandes maestros, logra capturar una vista singular del cielo azul y el camino terrenoso próximo a salir rumbo a La Rumorosa.   

De semejante aliento académico, Carlos Silos, quien se caracteriza por realizar bocetos “renacentistas” y retratos singulares que parecen no estar concluidos, introduce un tríptico de bolsas de papel “craft”, Bolsa 1, 2 y 3 de 10 x 13 pulgadas donde consigue doblar el papel sobre un fondo oscuros, logrando un efecto particular de luces y sombras sugestivas y formalmente resueltas. 

Por su parte, Virinia Lizardi de la CAP Arroyo, en su grabado en linóleo, sténcil, collage y costura del 2022 de título “Fusión de calaveras, 1, 2 y 3” crea una ocurrente gráfica marcada por los recortes, sopa de letras cortadas para formar un crucigrama conformado por Cernuda, Darío, Machado y Neruda con el Conejo de la Suerte o Bugs Bunny atemorizado.   

De la finada maestra hermosillense se incluyen dos grandes óleos sobre tela: “Retomando personajes”, un cuadro abstracto de aliento de Joan Miró al que Ruth Hernández Ortiz sentía mucha admiración, y “Derrumbe” de 110 x 131 cms. En el cuál muestra cráneos humanos a manera de “Tzompantli” bajo una sugerida lápida sepulcral que combina gris, violeta y verde menta en la que no podían faltar sus cruces rojizas.

Otras de las jóvenes mujeres que forman “Pasado y presente” es Liliana Cueto con su óleo sobre tela “Autorretrato con recuento de plaquetas” que ya había estado expuesta en la Casa de la Cultura de Mexicali y que pinta hiperrealistamente unos resultados de laboratorio con recuento de plaquetas de 412.000 x m.m y tiempo de coagulación de 3 minutos con 48 segundos, entre otros resultados hematológicos.

TALENTO PURO

La ex maestra del Cetys y del Ceart, Maricarmen o Maricar Rodríguez en Concierto 1 y 2, mixta sobre papel de algodón de 16 x 32 pulgadas, realiza una equidistante silueta de dos guitarras cuyos contornos delimitan sus sonidos que repercuten en la mirada.

La perseverante maestra de “La Esmeralda” (o de la academia de San Carlos), Maricela Alvarado no se aparta de su estética mexicanista en “Desde pequeño”, un óleo sobre tela sin año de realización en la ficha técnica, para pintar un costumbrista cuadro de un niño ataviado de la Danza del venado, con sus maracas amarillas, paliacate rojo y pañoleta azul cubriéndole el rostro infantil con un venadito sobre su cabeza. Al lado de del danzarín regional, en “Lo anhelado”, Maricela expone una tela blanca rodeada de pasto, la raíz de un árbol y un ramillete de flores recién cortadas.

Tanto Rosalba Ayala Ochoa en “Agave de la costa de B. C.”, acrílico sobre tela de 122 x 152 cm., una planta que parece un maguey espinoso con sus filamentos verdes puntiagudos, como la iglesia pueblerina de Rodolfo Zuzurarregui: “Catedral de Tlacochahuaya, Oaxaca”, cuya cúpula se asemeja a nuestra Catedral de la Morelos y Reforma, son muestras de un arte costumbrista bien resuelto académicamente.  

Mientras que Miguel Ángel Ortiz Bonilla con su óleo “La permanencia y el tiempo, 48”, mezcla el lenguaje plástico figurativo con unas guirnaldas grises que cubren un recuadro abstracto con salpicones a la Jackson Pollock amarillos y manchas verde olivo.

La serigrafía o “silk screen” que identificara por mucho tiempo al maestro fundador de serigrafía de la Casa de la Cultura de la Madero: Francisco Arias Beltrán, queda representada por Otrebor Figala en otra variación de “El Centinela” rodeado de cactus vigilantes al “Altivo y viejo guardián” según el corrido de “El cachanilla”: Antonio Valdez Herrera.

Ariel Duarte González, docente de la Escuela Estatal de Bellas Artes de la Obregón y calle Pedro F. Pérez y Ramírez, “Peritus”, experimenta con la cerámica tradicional para presentar en “Huevo de a libra. Huellas de los permeable”, una cartera de huevos –o blanquillos que más bien están cafecillos-, donde el más grande huevo parece un cascarón negruzco de dinosaurio. En otra cerámica de la serie “Huellas de lo permeable”, Ariel prosigue su mezcla de escultura y cerámica en barro cocido con elementos de “trozos oxidados del muro fronterizo”.

El tema limítrofe de la frontera que representado tanto en la obra xilográfica de Ruth Hernández con “El muro” y “El muro 2” del 2016, como por la pintura acrílico de René Montiel: “Dormido en garita Mexicali 1 (De la serie: La región del sol, la liga del desierto)” en la que crea una caricatura nipona inflada durmiendo en medio de la fila de carros que esperan cruzar la “Línea Internacional, Calexico/USA”, mientras se alcanza a ver el tanque de agua que según Yolanda Sánchez Ogas tenían contemplado removerlos hace como 4 años. 

Carlos Coronado Ortega en “Ramada 1900”, “Mi casa de cachanilla”, acrílico sobre madrera, y “Ya mero llego a casa”, acrílico sobre tela, ejecuta el paisaje campestre en medio de viviendas hechas con ramajes y palos de árboles rurales y una vista panorámica de “La Rumorosa” en plan de regreso cálido.

Y por último no podía faltar Pablo Castañeda con una especie de “Ready Made” que titula “El beso”, extrapolación de la escultura de Augusto Rodin, sólo que montado en una torre de librotes enciclopédicos de “El universo y la tierra”, “La vida”, “El hombre y la tierra”, “El hombre a través del tiempo”, “Literatura y música” y “Las artes, los deportes y los juegos”, separados por una caja cristalina de acrílico trasparente. 

 Y en otra de sus recreaciones postmodernas, Pablo pinta un homenaje a su tocayo Picasso, Rufino Tamayo y Salvador Dalí con el toro de “El Guernica” en medio de un estudio de sillas replegables, palomas de la paz y calaveras tiradas en la escena evocadora.

Redacción de Fernando García Rivas

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